CIUDAD DE MÉXICO, a 21 de septiembre de 2026.— Una botella, una llanta o un envase pueden desaparecer de la vista, pero sus residuos no necesariamente dejan el ambiente. Con el tiempo, el plástico puede fragmentarse en partículas diminutas capaces de permanecer en agua, aire o alimentos. Ahora, un estudio realizado en Oaxaca encontró una mezcla de estos materiales en sangre y orina humanas.
La investigación fue desarrollada por especialistas del Instituto Politécnico Nacional con colaboración científica en España y analizó a 98 habitantes de una comunidad rural costera.
La población estudiada vive en una zona sometida a exposición ambiental continua y cercana a un tiradero a cielo abierto de aproximadamente 20 hectáreas, donde los investigadores reportan depósito descontrolado y quema de residuos.
El trabajo también señala que entre 70 y 80 por ciento de la alimentación local depende de la pesca artesanal, un elemento que los autores consideran dentro del contexto ambiental de la comunidad, aunque el estudio no establece cuál fue la vía concreta por la que entró cada polímero al organismo.
Hasta ocho polímeros en una sola muestra
Los científicos analizaron 10 familias de materiales plásticos. Todos los participantes tuvieron al menos uno de ellos y en una muestra de orina llegaron a encontrarse hasta ocho polímeros distintos.
La frecuencia de detección fue de 97.8 por ciento en orina y 88.5 por ciento en sangre. Las concentraciones promedio también fueron mayores en la primera, con 24.06 microgramos por mililitro, frente a 11.81 en sangre.
Entre los compuestos identificados aparecen polipropileno, polietileno, PET, PVC, poliestireno, nylon y NBR. El estudio señala que el poliestireno y el NBR pueden encontrarse en productos relacionados con llantas y que el desgaste de neumáticos es una fuente conocida de microplásticos ambientales.
La orina podría servir para vigilar la exposición
Los resultados muestran además que sangre y orina no reflejan de la misma manera la presencia de estos materiales. Los autores consideran que factores como el tamaño, la forma y las propiedades químicas de las partículas podrían influir en su distribución y eliminación.
Uno de los planteamientos del trabajo es que la orina podría convertirse en una herramienta no invasiva para vigilar la exposición crónica a micro y nanoplásticos.
Aun así, los propios investigadores ponen límites claros a sus conclusiones. El estudio no siguió a los participantes a lo largo del tiempo ni examinó tejidos sólidos, por lo que no permite afirmar que determinados polímeros se acumulen en órganos ni que estén causando daños específicos a la salud. Esas preguntas permanecen abiertas y requerirán estudios más amplios y controlados.




