Por Staff
TULUM, Quintana Roo, a 23 de septiembre de 2026.— Un meliponario prehispánico descubierto durante los trabajos de salvamento arqueológico del Tramo 5 del Tren Maya aporta nuevos datos sobre la forma en que las familias mayas organizaban sus espacios domésticos y productivos. El hallazgo, realizado en 2022, se localizó cerca del Parque Natural Aktun Chen y fue excavado por especialistas del INAH.
Registrado como T5_23001, el monumento mide 19.5 metros de largo, 3.9 de ancho y 1.20 metros de alto. La estructura, denominada ná’ajil kab o “casa de la abeja”, fue construida con mampostería de piedra caliza y habría sido diseñada para colocar en hileras los jobones, troncos secos y huecos utilizados para criar abejas meliponas y producir miel.
Uno de los elementos que más llamó la atención de los arqueólogos fueron 40 discos de piedra caliza y coral, de entre 10 y 20 centímetros de diámetro, encontrados cerca de los muros. De acuerdo con los especialistas, estos objetos posiblemente funcionaron como tapas de los jobones, una hipótesis que será sometida a análisis físicos y químicos para buscar evidencias de cera.
Los mayas y sus abejas
La antigüedad del sitio se estima, de manera preliminar, en el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), aunque el INAH realizará análisis de los materiales cerámicos para establecer con mayor precisión su cronología. También fueron recuperados fragmentos de recipientes que pudieron utilizarse para almacenar miel, además de objetos líticos, entre ellos posibles pesas para redes de pesca y manos de metate.
El hallazgo no se limita al meliponario. En las inmediaciones se identificó un sistema de albarradas, nivelaciones y cimientos que podrían corresponder a espacios habitacionales o de almacenamiento. A menos de 100 metros también se localizaron un adoratorio, un cenote y una caverna, elementos que permiten reconstruir un espacio más amplio de actividades.
Los especialistas consideran que este conjunto puede representar un solar maya, donde la crianza de abejas convivía con otras actividades como el cultivo, almacenamiento de alimentos y habitación. Las evidencias muestran así que la producción de miel formaba parte de una organización doméstica más amplia y no necesariamente de una actividad aislada.
Ahora, los investigadores analizarán muestras de suelo, cerámica y piedra, además de realizar un estudio etnoarqueológico de meliponarios contemporáneos. Los resultados podrían ayudar a determinar las condiciones ambientales del sitio y confirmar si los discos de piedra conservaron residuos de cera que permitan comprobar su uso en los antiguos jobones mayas.




