Por Eugenio Pacheco
CHETUMAL, Q. Roo, a 27 de abril de 2026.- A pesar de que en Quintana Roo se logró reducir la carencia alimentaria del 29 al 15 por ciento en su última medición oficial, de 2024, la problemática persiste con fuerza en las principales ciudades del estado.
La imposibilidad de fomentar el autoconsumo en entornos urbanos ha consolidado a las zonas metropolitanas como los puntos críticos para la seguridad alimentaria en la entidad.
Ignacio Perera Medina, director de la Agencia Alimentaria estatal, explicó que, según diagnósticos de la FAO, la alimentación en las ciudades depende estrictamente del poder adquisitivo.
En ciudades como Cancún, Playa del Carmen y Chetumal, las familias enfrentan barreras estructurales que no existen en el campo, como la falta de espacios para siembra de traspatio, cría de animales y el alto costo de insumos y servicios.
Además, el presupuesto de las familias urbanas se ve comprometido por gastos fijos en movilidad y servicios básicos, los cuales compiten directamente con la adquisición de la canasta básica.
Para mitigar esta vulnerabilidad, el Gobierno del Estado anunció la puesta en marcha del Banco de Alimentos en este 2026, un proyecto diseñado para rescatar y distribuir insumos principalmente en la zona norte del estado, donde la concentración urbana es mayor.
Como soporte a esta realidad, el programa alimentario estatal ajustó sus alcances para 2026, con la meta de llegar a 60,000 beneficiarias, que incluye la entrega de paquetes alimentarios con 19 artículos de la canasta normativa y un apoyo económico de 1,490 pesos.
Los productos entregados cumplen con la Ley de Alimentación Sostenible, asegurando que conserven sus nutrientes durante la distribución.


Mientras que en las ciudades la estrategia es asistencial para compensar la inflación, en las zonas rurales el enfoque es la soberanía alimentaria.
Perera Medina destacó una inversión de 15 millones de pesos destinada a pequeños productores de Bacalar, Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos,
Con esos recursos se busca, capacitar a productores de pequeña escala, de menos de 5 hectáreas; rescatar maíces tradicionales y consolidar huertos para reducir la dependencia del mercado externo.




