Por Eugenio Pacheco
CHETUMAL, QRoo, a 21 de febrero de 2026. – Por primera vez en los últimos 10 años, la Ribera del Río Hondo reporta un saldo blanco en explotación laboral infantil durante la actual temporada de cosecha de caña.
Tras intensos operativos de vigilancia, las autoridades estatales confirmaron que no se han detectado niñas, niños ni adolescentes realizando labores de corte en los campos del sur de la entidad.
Jorge Quintanilla Osorio, encargado de despacho del Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) en Quintana Roo, afirmó que este logro es el resultado de brigadas constantes de restitución de derechos que han logrado romper el ciclo de trabajo infantil en la “vara dulce”.
Trabajo disfrazado
Históricamente, el problema se originaba de manera oculta en las parcelas, donde padres y madres de familia, muchos de ellos trabajadores migrantes, llevaban a sus hijos a las jornadas de cosecha, exponiéndolos a temperaturas extremas y horarios extenuantes.
Menores que hace unos años trabajaban en el campo, hoy se encuentran inscritos en escuelas, ya sea en las comunidades receptoras o en sus lugares de origen.
Los jóvenes de entre 16 y 17 años que acompañan a sus familias ahora permanecen en las galeras (albergues) apoyando en labores del hogar o estudiando, en lugar de manejar herramientas de corte.
Los padres de familia han dejado de considerar necesario llevar a sus hijos a las parcelas, priorizando su seguridad y educación.
“Tenemos cero casos y eso es muy positivo, incluso niños con los que empezamos a trabajar hace años hoy están en la escuela; sus padres han entendido que el campo no es lugar para ellos”, afirmó Quintanilla Osorio.
Aunque el Ingenio Azucarero “San Rafael” de Pucté cuenta con certificaciones que prohíben el trabajo infantil, Sipinna mantiene una vigilancia estrecha en las galeras y zonas de cultivo para asegurar que los derechos de los menores no sean vulnerados.
Estas brigadas también acercan servicios básicos de salud y trámites administrativos a las familias migrantes que llegan cada temporada, garantizando que tengan acceso a los beneficios que por ley les corresponden.
Con estas acciones, Quintana Roo consolida un modelo de protección que busca transformar la zafra en una actividad económica libre de explotación, asegurando que el futuro de la niñez en la zona rural esté en los libros y no en el machete, finalizó el funcionario.




