Por Staff
Ciudad de México, a 22 de enero de 2026.- La cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos. Un informe histórico de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que el mundo ha entrado en una era de “quiebra hídrica global”, un punto de no retorno para múltiples sistemas de agua dulce donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente los acuíferos y ha secado los pozos del futuro.
El estudio señala que la humanidad ha consumido agua como si fuera un recurso infinito. La agricultura intensiva, el crecimiento urbano e industrial, la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero han creado un modelo de progreso insostenible que hoy se traduce en sequías más prolongadas, evaporación acelerada y lluvias cada vez más irregulares.
Una cuenta bancaria sin depósitos
“Muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas. Es como tener una cuenta bancaria de la que se retira dinero todos los días sin que entre un solo depósito”, explica Kaveh Madani, autor principal del informe. El saldo, advierte, ya es negativo, y la factura hídrica acumulada supera la capacidad del planeta para pagarla.
La auditoría global del agua dibuja un panorama crítico: 75% de la población mundial vive en países donde el agua es escasa o insegura, más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando y dos mil millones de personas habitan sobre suelos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas. En apenas medio siglo, se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea.
El informe subraya que la agricultura consume cerca del 70% del agua dulce del planeta, convirtiéndose en el corazón del colapso. Cuando el agua deja de llegar a los campos de cultivo, las cosechas disminuyen y los precios de los alimentos aumentan, afectando directamente a millones de familias y golpeando la seguridad alimentaria global.
La escasez hídrica ya no es un problema local. “El agua que falta en una región se refleja en el precio de los alimentos en otra”, advierte Madani. Esta quiebra hídrica viaja a través del comercio internacional, desestabiliza economías, incrementa la desigualdad y genera tensiones sociales y geopolíticas.
De no cambiar el rumbo, las nuevas generaciones heredarán un mundo con menos agua, alimentos más caros, mayor migración forzada y conflictos por recursos básicos. Los acuíferos agotados no podrán recuperarse en escalas humanas de tiempo, lo que limita seriamente las opciones de desarrollo futuro.
Frente a este escenario, el informe propone gestionar la quiebra y no solo la crisis: transformar la agricultura, repartir de manera justa un recurso cada vez más escaso y proteger los ecosistemas que aún producen agua. La Conferencia del Agua de la ONU 2026 aparece como una oportunidad clave para este “rescate hídrico”. El mensaje es claro: aunque no podamos recuperar lo perdido, aún podemos aprender a vivir con el agua que nos queda.




