Por Staff
CIUDAD DE MÉXICO, a 08 de febrero de 2026.- Los trastornos auditivos podrían convertirse en una carga de salud pública si no se atienden a tiempo, advierten especialistas durante la Jornada Universitaria de Salud Auditiva organizada por la UNAM. Estos problemas —que van desde una capacidad reducida de comunicación hasta el aislamiento social— afectan la calidad de vida, el desarrollo cognitivo y ponen en riesgo la transmisión de cultura entre generaciones.
La directora del Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT), María Herlinda Montiel Sánchez, señaló que muchas personas no notan que están perdiendo audición poco a poco hasta que ese “¿qué dijiste?” se convierte en algo habitual. La detección temprana y la prevención pueden marcar una gran diferencia para disminuir estas afecciones.
Durante el encuentro, el investigador Felipe Orduña Bustamante explicó que uno de los riesgos más peligrosos es exponerse voluntariamente a sonidos extremadamente altos, ya sea en conciertos, con altavoces potentes o con volúmenes altos en audífonos. Ese ruido intenso puede dañar la audición de forma permanente si no se toman precauciones.
En la conferencia titulada “La salud auditiva en jóvenes: riesgos y prevención”, la médica Laura Álvarez Castañeda explicó que la exposición constante a ruido fuerte puede causar dolor de cabeza, hipersensibilidad al sonido e incluso trastornos del sueño, además de dificultar la memoria auditiva.
Además de estos efectos, se advirtió sobre prácticas comunes que pueden dañar los oídos, como introducir objetos extraños (hisopos o pasadores) en el canal auditivo, que pueden provocar perforaciones en el tímpano y lesiones graves. Por ello, los expertos recomiendan una higiene simple, lavando solo el pabellón auricular con agua y jabón, sin introducir nada al interior del oído.
Este llamado de atención coincide con advertencias internacionales: la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 1 500 millones de personas viven con pérdida de audición en el mundo, y se espera que este número aumente si no se adoptan medidas preventivas.
La agenda de salud pública debe considerar estrategias preventivas como monitoreo auditivo temprano, educación sobre exposición al ruido y promoción de hábitos saludables, antes de que lo que fue un “¿me repites?” se convierta en una barrera permanente para la comunicación humana.
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