INTERNACIONAL, a 21 de mayo de 2026.— Hay viajes que parecen imposibles incluso para los seres humanos. Ahora, dos ballenas jorobadas sorprendieron a científicos tras aparecer en zonas de reproducción ubicadas en Brasil y Australia, una separación geográfica superior a los 15 mil kilómetros que estableció un nuevo récord y abrió preguntas sobre cómo estos gigantes marinos podrían estar cambiando sus rutas en un planeta en transformación.
La investigación fue publicada en la revista Royal Society Open Science y documentó, por primera vez, un intercambio en ambos sentidos entre poblaciones de ballenas jorobadas del este de Australia y Brasil. El estudio analizó 19 mil 283 fotografías recopiladas entre 1984 y 2025 para rastrear individuos específicos.
Los investigadores identificaron a las ballenas gracias a una característica que funciona como una huella digital natural. La parte inferior de su cola presenta patrones únicos de pigmentación, cicatrices y formas que permiten reconocer a cada individuo.

Una conexión nunca vista
El primer caso correspondió a una ballena fotografiada en Hervey Bay, Australia, en 2007 y nuevamente en 2013. Años después reapareció frente a São Paulo, Brasil, en 2019. La separación mínima entre ambos sitios fue de 14 mil 200 kilómetros.
El segundo caso ocurrió a la inversa. El animal fue registrado primero en Abrolhos, Brasil, en 2003 y volvió a ser identificado 22 años después en Australia. En este caso, la distancia mínima entre ambos puntos alcanzó 15 mil 100 kilómetros, convirtiéndose en la mayor separación geográfica registrada entre avistamientos de una ballena jorobada.
Los especialistas aclararon que no se conoce la ruta exacta ni la distancia real que recorrieron los cetáceos, ya que las fotografías solo muestran los puntos donde fueron observados.
El hallazgo también abre nuevas hipótesis. Los investigadores consideran que cambios ambientales, alteraciones en la disponibilidad de alimento y modificaciones en ecosistemas antárticos podrían estar impulsando comportamientos migratorios poco habituales.
Además de transportar genes entre poblaciones, estos viajeros oceánicos podrían llevar también “nuevas canciones”. Los científicos recuerdan que los machos de ballena jorobada comparten complejos cantos que pueden expandirse entre grupos y cambiar con el tiempo, casi como una tendencia cultural marina.




