Ciudad de México, a 04 de febrero de 2026.- Una nueva serpiente de vida principalmente subterránea a la que nombraron Yakacoatl tlalli fue identificada en México por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de la Universidad de Texas en Arlington y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
La Yakacoatl tlalli, que habita en la cuenca del río Balsas, no sólo representa una especie nueva para la ciencia, sino un género desconocido, lo que subraya su singularidad evolutiva. Desde el punto de vista morfológico, esta serpiente presenta una serie de adaptaciones que sugieren un estilo de vida principalmente subterráneo.
“Forma parte de la tribu Sonorini, un grupo de serpientes que pasan gran parte de su vida bajo tierra, lo que ha dado lugar a adaptaciones anatómicas muy particulares. Se observa una reducción de escamas en la cabeza, así como un rearreglo y fusión de los huesos del cráneo, modificaciones que le permiten excavar el suelo de manera más eficiente. Además, presenta una escama en forma de pala que asemeja una nariz, considerada una adaptación clave para desplazarse en ambientes subterráneos”, explicó el investigador Antonio Yolocalli Cisneros Bernal.

La tribu Sonorini está conformada por serpientes pequeñas, no venenosas y mayoritariamente enterradoras, cuya distribución se concentra en la mitad norte de México y el sur de Estados Unidos. “En total, el grupo incluye alrededor de 11 géneros. La mayoría habita tierras bajas, secas o semiáridas, y sólo unas pocas especies logran adaptarse a zonas de alta montaña”, dijo el investigador Oscar Flores Villela.
Un rasgo que es particularmente llamativo de esta serpiente es que, a diferencia de otras especies con hábitos subterráneos que presentan ojos reducidos, la Yakacoatl tlalli conserva, por lo regular, sus órganos visuales grandes, lo que la distingue dentro de su grupo.
Misteriosa y de bajo perfil
Hasta ahora, sólo se conocen tres ejemplares: dos fueron encontrados muertos y uno más fue observado vivo, fotografiado y liberado. Todos los registros se obtuvieron de manera fortuita, lo que refuerza la idea de que se trata de una especie rara y difícil de detectar. Se sabe que su distribución está restringida a la cuenca del río Balsas, una región de tierras bajas rodeadas por zonas montañosas.
Debido a su estilo de vida subterráneo y a la escasez de registros, al día de hoy es imposible evaluar su estado de conservación.
“Las amenazas potenciales son similares a las que enfrentan muchos reptiles: el cambio de uso de suelo, la agresión directa por parte de personas que matan serpientes por miedo o desinformación, y el cambio climático, que puede alterar los patrones de temperatura y precipitación a los que estas especies están adaptadas. ”, advirtió Yolocalli.
Por ahora, el grupo de investigadores y colaboradores continúan realizando muestreos en la región con el objetivo de encontrar más ejemplares y obtener información sobre su dieta, reproducción, actividad estacional y uso del hábitat.




