Por Eugenio Pacheco
CHETUMAL, Quintana Roo, a 19 de enero de 2026. – El malecón de la capital del estado, además de ser un espacio de paseo, se ha convertido una vez más en el punto de reunión de decenas de familias, ya sea por la emoción de “picar” un pez de gran tamaño o por la necesidad de llevar comida fresca a casa.
La pesca en la Bahía de Chetumal vive un resurgimiento, impulsado tanto por las condiciones climáticas como por la tradición que caracteriza a esta actividad en la región.
Las temperaturas frescas registradas durante enero de 2026 han cambiado las reglas del juego bajo el agua. Mientras que en temporada de calor abundan las pequeñas y tradicionales “chihuas”, el frío actual ha atraído ejemplares de jurel, que emocionan a cualquier aficionado a la pesca.

Capturas poco comunes
En los últimos días, los amantes del cordel y la caña han reportado capturas sorprendentes, con jureles de entre 5 y 7 kilogramos, un tamaño poco común para la pesca desde la orilla, que se convierten en el trofeo ideal para un buen ceviche o un pescado frito en familia.
Además del jurel, el pargo, la picuda y el sábalo completan el menú que la bahía ofrece de manera generosa, aseguran los practicantes de esta actividad.
Aunque el antiguo muelle fiscal permanece restringido para evitar accidentes con embarcaciones, la afición no se detiene. Los pescadores han hecho suyos la banqueta de la bahía y el muelle frente al Cetmar, puntos que desde la madrugada o al caer el sol se llenan de siluetas lanzando el nylon al agua.
Para muchos, esta actividad representa una mezcla perfecta: es una de las prácticas más antiguas de Quintana Roo y recuerda la conexión histórica de los chetumaleños con el mar y los ríos, como el que sirve de frontera natural con Belice.
Pesca como alivio emocional
Además del alimento, la pesca brinda —según testimonios— tranquilidad y un respiro del estrés diario. “Ante la falta de empleo o los precios altos, la bahía se convierte en una fuente de proteína gratuita y de alta calidad”, comentó uno de los pescadores que aceptó compartir su experiencia.
Este fenómeno recuerda la importancia de mantener limpia la bahía, cuyas aguas no solo conforman el paisaje que identifica a la ciudad, sino que son un ecosistema vivo que sostiene a la fauna local y, en tiempos difíciles, apoya a las mesas chetumaleñas.
Hoy, ya sea con el cordel en mano o simplemente observando desde el malecón, la pesca vuelve a unir a la comunidad. Si el frío continúa, la temporada de jurel promete seguir regalando historias de éxito a quienes tengan la paciencia y la suerte de lanzar el anzuelo en el momento justo, señaló Ricardo Méndez, al hablar de su afición.
La Bahía de Chetumal, cuerpo de agua donde se asienta el Santuario del Manatí y considerada una reserva estatal protegida, mantiene una relación cercana y necesaria con la vida de la ciudad, recordando que la obtención de alimentos también puede comenzar en nuestra propia orilla.




