Por Staff
BACALAR, QRoo., a 17 de junio de 2026.- Más allá de las vías y estaciones, el Tren Maya dejó al descubierto una enorme riqueza arqueológica que hoy es estudiada por especialistas en Bacalar, donde operan seis laboratorios dedicados a descifrar algunos de los secretos mejor guardados de la civilización maya.
El proyecto, impulsado por el INAH y respaldado por el Gobierno de Quintana Roo, concentra el análisis de más de 27 mil piezas arqueológicas completas, restos de fauna, materiales líticos y más de 2 millones de fragmentos cerámicos, convirtiéndose en una de las mayores operaciones de investigación patrimonial realizadas en el sureste mexicano.
Cada pieza recuperada ayuda a reconstruir aspectos de la vida cotidiana, la economía, la alimentación y las creencias de los antiguos habitantes de la región.
En el Laboratorio de Zooarqueología, los investigadores estudian materiales provenientes de conchas, huesos, corales y dientes utilizados para fabricar herramientas, adornos y objetos ceremoniales.
Los análisis han permitido documentar una sofisticada industria basada en recursos marinos y faunísticos, así como identificar vínculos comerciales que llegaban hasta las costas del Pacífico.
Huellas de intercambio y comercio
Uno de los descubrimientos más relevantes es la presencia de ornamentos elaborados con especies que no pertenecen al Caribe, evidencia de extensas redes de intercambio entre distintos territorios del área maya.
Los especialistas también han identificado herramientas para procesamiento de pieles, carpintería, pesca y actividades rituales, lo que aporta nuevas pistas sobre las tecnologías desarrolladas por estas comunidades.

Mientras tanto, el Laboratorio de Cerámica trabaja en la clasificación de millones de fragmentos recuperados entre Tulum, Chetumal y Escárcega, una tarea que permitirá construir una de las bases de datos arqueológicas más importantes del sureste.
Los estudios revelan influencias procedentes de Belice, el Petén guatemalteco y el norte de Yucatán, confirmando la existencia de complejas rutas comerciales y culturales.
Ciencia para el futuro
Además del análisis tradicional, los laboratorios desarrollan modelos tridimensionales, bases de datos georreferenciadas y colecciones científicas que quedarán como patrimonio permanente para futuras generaciones de investigadores.
Para el INAH, el enorme volumen de materiales recuperados representa un reto sin precedentes, pero también una oportunidad histórica para ampliar el conocimiento sobre una de las civilizaciones más importantes de América.




