Por Eugenio Pacheco
Chetumal, Q. Roo, a 20 de enero de 2026.- En el ecosistema de la Laguna de Bacalar, el caracol chivita (Pomacea flagellata) es mucho más que un ingrediente de la cocina tradicional; es el guardián de la transparencia del agua.
Este pequeño molusco funciona como una aspiradora natural que procesa algas y materia orgánica, garantizando que el destino mantenga el azul cristalino que lo hace único.
Una rareza viviente
Sin embargo, tras décadas de consumo desmedido y presión turística, su supervivencia está en grave peligro, se considera desde la comunidad científica y prestadores de servicios.
Lo que antes era una población abundante en cualquier orilla de la laguna, hoy es una rareza en los balnearios del centro y las zonas hoteleras.
Esta crisis y el peligro de extinción de la chivita tiene como causas principales la sobreexplotación, pues durante años, la recolección masiva para el famoso “ceviche de chivita” mermó sus colonias.

Velerismo, una transición necesaria
Además, el oleaje de la gran cantidad de lanchas que operan en esa laguna desprende los huevos depositados en manglares y carrizos antes de que logren nacer, además de que los motores fuera de borda, levantan el sedimento del fondo, creando un lodo que sofoca a los caracoles adultos y les impide alimentarse.
Para Erick González, promotor de turismo de aventura, el futuro de la especie depende de cambiar la forma en que se recorre la laguna.
La transición hacia el velerismo y el “paddle board” no es solo una moda, sino una medida de supervivencia. “A diferencia de las lanchas de motor, estas actividades no remueven el fondo lodoso donde el caracol vive”, explica.
Actualmente, las poblaciones de Chivitas más sanas se han refugiado al norte, en las orillas de Buenavista y Pedro A. Santos.
Por ello, la propuesta de ampliar la navegación hacia esa zona se ve como un “arma de doble filo”: representa una oportunidad económica, pero también el riesgo de invadir el último santuario de la especie si no se controla el uso de motores.

Emergencia local
Aunque no figura en todas las listas internacionales de especies en peligro, para la comunidad de Bacalar la chivita es una especie en emergencia local.
Organizaciones civiles como Amigos de la Laguna han logrado algo histórico: convencer a restaurantes y prestadores de servicios de prohibir totalmente su consumo, explicó el entrevistado.
Esta veda comunitaria ya muestra resultados lentos pero visibles, con pequeños brotes de recuperación en áreas protegidas por los propios habitantes, quienes buscan proteger al caracol chivita, para preservar la laguna, como el motor económico y natural de la región.




