Por Eugenio Pacheco
CHETUMAL, Q. Roo, a 09 de enero de 2026.- Lo que antes era considerado basura, hoy se perfila como una solución ambiental estratégica.
Bajo el liderazgo del Dr. Fernando Casanova, investigador del Instituto Tecnológico de la Zona Maya (ITZM), Quintana Roo ha puesto en marcha un proyecto de vanguardia para transformar la cáscara de coco en biochar, un material con alto potencial para la agricultura y la captura de carbono.
El objetivo central de la iniciativa, que ha comenzado a llegar al campo es mitigar el impacto ambiental generado por la quema de desechos de coco, una práctica común que libera grandes cantidades de emisiones contaminantes.
Al procesar estos residuos para crear biochar, no solo se reduce la contaminación, sino que se obtiene un recurso sostenible capaz de regenerar suelos agrícolas y forestales.

De residuo a insumo de alto valor
El uso del biochar de coco representa una solución integral con beneficios en múltiples niveles.
En el ámbito agrícola, actúa como un potente regenerador que mejora significativamente la retención de agua y nutrientes en el suelo, optimizando las cosechas.
Desde la perspectiva ambiental, su capacidad para el secuestro de carbono es vital, ya que atrapa este elemento de forma sólida y evita su liberación a la atmósfera como dióxido de carbono (CO2).
Este proceso aporta un sólido valor económico al sector, transformando un residuo anteriormente desechado en un insumo comercial de alto valor agregado para los productores locales.
“Este proyecto es un esfuerzo conjunto que une a la academia con el sector productivo para ofrecer soluciones reales al campo quintanarroense”, destacó el Dr. Casanova al hablar de los avances del proyecto auspiciado por el Consejo Quintanarroense de Ciencia y Tecnología (Coqhcyt).
Este avance posiciona a Quintana Roo como un referente en el uso de tecnologías limpias y economía circular, demostrando que el aprovechamiento integral del coco es una vía viable para el desarrollo sostenible de la región.
Aprobado formalmente en 2025 dentro de la convocatoria estatal de ciencia aplicada, el proyecto destaca por su modelo de colaboración internacional y comunitaria.
Participan el Tecnológico Nacional de México (Campus Zona Maya) y El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur); mientras que por el sector productivo lo hacen agricultores de la cooperativa de coco de Laguna Guerrero. También se han integrado la Escuela Superior Técnica México, de Belice.




