Por Eugenio Pacheco
CHETUMAL, Q. Roo, a 18 de enero de 2026.- Mientras que, en otros puntos del estado, como la Laguna de Bacalar, la presencia de cocodrilos suele generar alerta, en la capital la historia es distinta.
Aquí, los habitantes han “adoptado” a Larry, un cocodrilo moreletii que ha pasado de ser un depredador temido a convertirse en un símbolo de identidad y una parada obligatoria para los turistas. Durante el reciente periodo vacacional, fue común observar a familias locales presumiendo a “Larry” ante los visitantes.
Lo que para un extraño podría parecer una situación de riesgo, para los chetumaleños es una convivencia cotidiana: el saurio suele recibir alimento de la gente y se muestra inusualmente tranquilo frente a las cámaras, comportándose casi como una mascota de la ciudad.
La historia de Larry en el Boulevard Bahía no es nueva, pero su fama se consolidó hace poco más de una década, sus primeras apariciones se registran cerca de la zona de la Fuente del Pescador y los manglares aledaños.
Aunque existen varias versiones sobre su nombre, los cronistas locales relatan que fueron precisamente los pescadores y vecinos del barrio de la zona baja quienes, con el humor típico del caribeño, lo bautizaron como “Larry”.
Con el tiempo, el nombre se viralizó en redes sociales, transformándolo de un espécimen de vida silvestre a un personaje ilustre de la capital.
No estaba muerto, andaba de parranda
La relación de Chetumal con Larry no ha estado exenta de drama pues en marzo de 2022, la ciudad lamentó el hallazgo de un cocodrilo muerto que se pensó era él; sin embargo, poco después, el “verdadero” Larry reapareció para alivio de sus seguidores.
En 2023, fue capturado temporalmente por autoridades ambientales para ser curado de heridas causadas por humanos, lo que desató una ola de solidaridad ciudadana exigiendo su retorno a la bahía.
Hoy, Larry es mucho más que un reptil, cada noche, decenas de personas se detienen en el malecón esperando ver sus ojos brillar con la luz de las linternas o sus fauces emergiendo del agua esmeralda. Sin embargo, las autoridades y expertos locales insisten en un punto importante, Larry es un animal silvestre. Aunque parezca “domesticado” y permita la cercanía, su presencia es un recordatorio de que el Boulevard Bahía es, ante todo, su hogar.

Esta conexión con “Larry” ha cruzado la barrera de la identidad para convertirse también en un motor económico local con la apertura de al menos dos tiendas especializadas en souvenirs inspirados en este personaje, las cuales tienen mucho éxito entre locales y visitantes.
Su leyenda invita a los chetumaleños y turistas a cuidar el ecosistema, demostrando que la convivencia entre la mancha urbana y la naturaleza salvaje es posible cuando existe respeto de por medio.




