Por Eugenio Pacheco
CHETUMAL, QRoo, a 26 de abril de 2026. – Don Nico García Canul, de casi 70 años, se mantiene como uno de los últimos herederos del oficio de chiclero en la localidad de Solferino, municipio de Lázaro Cárdenas.
La actividad, que fue el motor económico del sureste mexicano durante el siglo XX, enfrenta hoy un escenario de posible extinción debido a la modernización industrial y el uso de sustitutos sintéticos.
Pese al declive de la demanda global de resina natural, García Canul continúa extrayendo la savia del árbol de chicozapote de manera artesanal.
El proceso, aprendido de generaciones anteriores, consiste en realizar incisiones en zigzag en la corteza para recolectar la resina, la cual se cocina a fuego lento hasta obtener una masa elástica que sirve de base para la goma de mascar.
La transición hacia materiales como la goma de xántano a partir de la década de 1960 desplazó al chicle natural del mercado masivo.

Nelson García, sobrino de Don Nico, señala que la falta de interés de las nuevas generaciones y los riesgos físicos que implica escalar los árboles han reducido drásticamente el número de trabajadores en la zona.
Pioneros en el mercado
Durante la Segunda Guerra Mundial, Quintana Roo llegó a proveer hasta el 85 por ciento de la producción mundial de chicle, abasteciendo a compañías internacionales como Wrigley Co.
Originalmente, los mayas utilizaban esta resina como limpiador dental natural antes de su comercialización con saborizantes y endulzantes en el siglo XIX.
Para rescatar la actividad, actualmente operan 27 cooperativas en Quintana Roo y Campeche, agrupadas bajo el consorcio Chicza.
Este esfuerzo busca mantener la producción de goma natural, y obtener el reconocimiento oficial ante las autoridades del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) desde donde se analiza otorgar el sello de “Chicle Maya“.
Además, la Secretaría de Desarrollo Económico estatal busca garantizar la originalidad del producto para aumentar los ingresos de los productores locales; y Se promueve el aprovechamiento del “Bosque Chiclero” como una actividad ecológica única en el mundo.
La persistencia de trabajadores como Don Nico García resulta por demás importante en este proceso de certificación, que pretende transformar un oficio antiguo en una industria de exportación competitiva y culturalmente protegida.



