Por Staff
TOPOLOBAMPO, Sin., 1 de junio de 2026.– Desde hace décadas, un delfín nariz de botella conocido por pescadores, lancheros y turistas como “Pechocho” nada libremente en las aguas de la bahía de Topolobampo. Su carácter amigable y la costumbre de acercarse a las embarcaciones lo han convertido en uno de los habitantes más queridos del puerto sinaloense y en un símbolo de identidad para la región.
De acuerdo con relatos de pobladores y prestadores de servicios turísticos, el cetáceo habría llegado a la zona siendo apenas una cría tras el paso de un huracán en la década de los noventa. Desde entonces, permanece en la bahía, donde es frecuente verlo interactuar con visitantes y pescadores, una conducta poco común entre los delfines silvestres.
Sin embargo, en las últimas semanas su historia ha vuelto a cobrar relevancia debido a una campaña ciudadana que busca llamar la atención sobre los posibles impactos ambientales asociados a la construcción de la planta de amoníaco de Gas y Petroquímica de Occidente (GPO) en la Bahía de Ohuira, ecosistema que forma parte del complejo lagunar Topolobampo-Ohuira-Santa María.
La movilización en redes sociales, que incluye una recolección internacional de firmas, utiliza la imagen de “Pechocho” como emblema de la biodiversidad de la zona y de las especies que habitan los manglares, humedales y cuerpos de agua donde se desarrolla el proyecto industrial.
La petición se aloja en Change.org, donde lo promoventes llaman a la población a firmar para exigir la cancelación del proyecto, al considerar que representa riesgos para la Bahía de Ohuira, los manglares, la actividad pesquera y especies emblemáticas de la región, entre ellas el delfín conocido como “Pechocho”. La iniciativa suma ya decenas de miles de adhesiones y continúa recibiendo nuevas firmas diariamente.
¿De qué se trata el proyecto?
La planta promovida por GPO busca producir alrededor de 2,200 toneladas diarias de amoniaco, insumo utilizado principalmente para la fabricación de fertilizantes. La empresa sostiene que el complejo se desarrolla dentro de una zona industrial autorizada y que las modificaciones recientes no implican ampliar la superficie ya aprobada ambientalmente.
No obstante, organizaciones ambientalistas, cooperativas pesqueras y comunidades Yoreme-Mayo han mantenido durante años su oposición al proyecto, argumentando posibles afectaciones a los ecosistemas costeros, actividades pesqueras y territorios tradicionales. En días recientes, el arribo de nuevos equipos industriales a Topolobampo reactivó las protestas y el debate público sobre el futuro de la bahía.
Diversos colectivos sostienen que la Bahía de Ohuira alberga una importante riqueza biológica y forma parte de un sistema lagunar de relevancia ecológica para el noroeste del país. Incluso expertos independientes de organismos internacionales han expresado preocupación por los posibles impactos ambientales y sociales de proyectos industriales en la región.
Mientras las disputas legales, ambientales y comunitarias continúan, “Pechocho” sigue apareciendo cada día entre las aguas de Topolobampo. Para muchos habitantes ya no es solo un delfín; se ha convertido en el rostro visible de una discusión que enfrenta desarrollo industrial, conservación ambiental y derechos de las comunidades que han vivido durante generaciones alrededor de la bahía.




