Las personas que viven en Quintana Roo calificaron con 8.66 puntos su satisfacción con la vida, en una escala de 0 a 10, resultado que coloca a la entidad por encima del promedio nacional de 8.62, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
A nivel nacional, las personas en México otorgaron una calificación promedio de 8.62 a su satisfacción con la vida actual, superior al 8.45 registrado en la edición de 2021. El estudio también muestra que los hombres promediaron 8.67 y las mujeres 8.57, mientras que el grupo de 30 a 44 años obtuvo la valoración más alta, con 8.72, seguido por la población de 18 a 29 años, con 8.70. Asimismo, las personas unidas o casadas registraron el promedio más elevado (8.75), mientras que las separadas, divorciadas o viudas obtuvieron 8.25, el nivel más bajo entre los grupos por estado conyugal.
Los grupos con mayor y menor satisfacción
La ENBIARE 2025 también identifica diferencias importantes entre grupos de población. Las personas con estudios superiores alcanzaron una satisfacción promedio de 8.74, superior a quienes cuentan únicamente con educación básica (8.51). En contraste, las personas hablantes de lengua indígena registraron 8.33, mientras que la población con discapacidad obtuvo 7.99, la cifra más baja entre los grupos analizados por el INEGI.
El reporte ubica a Coahuila (8.85), Tamaulipas (8.79), Durango (8.78), Sinaloa (8.77) y Baja California Sur (8.77) como las entidades con mayor satisfacción con la vida. En el extremo opuesto aparecen Oaxaca (8.32), Tabasco (8.37), Michoacán (8.48), Guerrero (8.51) y Zacatecas (8.51), con los promedios más bajos del país. Quintana Roo, con 8.66, se mantiene por encima del promedio nacional, reflejando una percepción positiva del bienestar entre su población adulta.
El INEGI señala que la satisfacción con la vida guarda una estrecha relación con factores como la salud física y mental, la ausencia de ansiedad y depresión, la disponibilidad de redes de apoyo y la capacidad para cubrir los gastos del hogar. Las personas que reportaron buena salud y mejores condiciones económicas mostraron niveles de bienestar superiores al promedio nacional, lo que confirma que la percepción de calidad de vida depende de múltiples dimensiones más allá del ingreso económico.




